Páginas de destino que convierten: estructura, orden y errores frecuentes

Una página de destino tiene exactamente una tarea: hacer posible una decisión. Todo lo que no prepara esa decisión la vuelve menos probable, aunque en sí esté bien hecho. Por eso acortar casi siempre ayuda.

Un campo amplio de partículas pálidas se condensa hacia la derecha en un único punto de luz intenso

Lo esencial

  • Arriba del todo van tres cosas: qué es, para quién es, y qué pasa a continuación. Todo de un vistazo, sin desplazarse.
  • El orden de los apartados sigue el orden de las objeciones, no la lógica de vuestra oferta.
  • Una página de destino tiene una llamada a la acción, repetida varias veces. Dos objetivos distintos reducen ambos a la mitad.
  • Los cinco errores más caros son casi siempre los mismos: demasiadas salidas, demasiados campos de formulario, beneficio desde el punto de vista del proveedor, ninguna prueba, y ninguna respuesta a «qué cuesta».

El motivo más frecuente de que una página de destino no funcione no es un mal oficio. Es que se ha construido como una página de inicio, como un resumen de todo lo que la empresa sabe hacer.

Una página de inicio responde a «quiénes sois». Una página de destino responde a «¿debería hacer esto?». Son construcciones distintas.

Qué va arriba del todo

La zona que se ve sin desplazarse decide sobre el resto. Necesita tres datos, y ninguno más.

1. Qué es

En una frase, sin término técnico ni juego de palabras. Quien tras esa frase no sepa de qué va, no lee la segunda.

Pregunta de control: ¿lo entiende alguien de vuestro público que no conozca la empresa, en cuatro segundos?

2. Para quién es

La exclusión importa más que la invitación. «Para talleres de 5 a 50 empleados» funciona más que «para empresas de cualquier tamaño», porque el lector se reconoce.

Pregunta de control: ¿se ve quién no es el destinatario?

3. Qué pasa a continuación

No «empieza ya», sino lo que ocurre de verdad: «rellenar el formulario, llamada de vuelta en un día laborable». La incertidumbre sobre el siguiente paso es una de las mayores barreras.

Pregunta de control: ¿sabe el lector qué va a pasar en las próximas 24 horas?

Una forma luminosa atraviesa una tras otra cuatro capas translúcidas y se vuelve más brillante
Cada apartado quita del camino una objeción. En el orden en que aparece.

El orden sigue a las objeciones

Aquí cometen la mayoría de las páginas el error decisivo: están montadas según la lógica de la oferta —primero funciones, luego ventajas, luego precio, luego contacto—. Pero el lector no piensa en ese orden.

Piensa en objeciones, y siempre en la misma secuencia:

OrdenLa objeciónEl apartado que la resuelve
1«¿Estoy en el sitio correcto?»la cabecera con los tres datos
2«¿Resuelve mi problema?»el problema en sus palabras y luego la solución
3«¿Cómo funciona en concreto?»tres pasos, no una lista de funciones
4«¿Es cierto lo que afirmáis?»prueba: cifras, testimonio con nombre, ejemplo
5«¿Qué cuesta?»precio o un intervalo honesto
6«¿Y si no encaja?»reducción de riesgo: baja, fase de prueba, exportación de datos
7«¿Y si tengo otra pregunta?»apartado de preguntas con las objeciones reales

¿Sabías que…?

El apartado de preguntas al final de una página de destino rara vez es la parte más débil: con frecuencia es la más leída. Es el único sitio en el que se escribe en el lenguaje de las dudas en lugar del lenguaje de la venta.

Justo por eso compensa responder allí a las preguntas incómodas: «¿para quién no es adecuado esto?», «¿qué pasa con mis datos si me doy de baja?». Una pregunta incómoda respondida con honestidad convence más que tres argumentos.

La llamada a la acción

Tres reglas que se confirman en casi cualquier prueba.

Un objetivo, no dos. «Reservar una demostración» y «suscribirse a la newsletter» en la misma página significa que ambas van peor. Quien no puede decidirse no se decide por nada.

Repetirla varias veces, con el mismo texto. Tras la cabecera, tras la prueba, al final. Textos distintos para el mismo objetivo funcionan como objetivos distintos.

Nombrar el resultado, no la acción. «Solicitar una valoración gratuita» es más concreto que «Enviar» y más honesto que «Empieza ya».

Desde la práctica

La mejora aislada más fiable es acortar el formulario. Cada campo obligatorio adicional cuesta conversiones, y de forma desproporcionada en los campos que se perciben como una evaluación: facturación, número de empleados, presupuesto.

La justificación habitual es que esos datos hacen falta para cualificar. En la mayoría de los casos no es cierto: lo que realmente hace falta es nombre, empresa y una forma de contacto. Todo lo demás se aclara en la primera conversación, donde además cualquiera lo responde de mejor gana que en un formulario.

Los cinco errores más caros

Atención Estos cinco aparecen en casi cualquier revisión. Corregirlos suele costar menos de un día.

1. La navegación completa en la cabecera. Cada elemento de menú es una salida. En una página de destino ahí va como mucho el logotipo, y también sin enlace si la página se abre desde un anuncio.

2. Demasiados campos de formulario. Tres o cuatro bastan casi siempre. Cada campo adicional tiene que justificarse, no al revés.

3. El beneficio desde el punto de vista del proveedor. «Modular», «escalable», «integral» describen el producto. El lector busca qué será distinto para él después.

4. Ninguna prueba. Afirmaciones sin cifra, sin nombre, sin ejemplo. Un testimonio con empresa y cargo pesa más que cinco citas anónimas.

5. Ninguna respuesta a la pregunta del precio. Quien no puede o no quiere dar un precio, da al menos el intervalo o el método. Una página sin ningún dato genera exactamente la sospecha que se quería evitar.

Probar con poco tráfico

Los tests A/B clásicos necesitan cifras que las empresas pequeñas no tienen. Con 200 visitantes al mes, un test concluyente dura más de lo que existe la oferta.

Tres procedimientos que funcionan también con poco tráfico:

  1. Observar a cinco personas. Del público objetivo, sin explicaciones, con una tarea. Donde dudan está el fallo. Cinco personas destapan la mayor parte de los problemas gruesos.
  2. La pregunta de los cuatro segundos. Mostrar la página, cerrarla a los cuatro segundos y preguntar: ¿de qué iba y para quién es? Quien no lo sepa responder no ha entendido la cabecera, y entonces la cabecera está mal.
  3. Medir los puntos de abandono. ¿Dónde termina el desplazamiento? El apartado anterior o sobra, o le falta ahí la respuesta a una objeción.
Prompt
Revisa el texto de mi página de destino. Sé estricto, no elogies
nada.

Público objetivo: [quién exactamente]
Objetivo de la página: [una única acción]
Texto de la página:
[insertar texto, apartado por apartado]

Tareas:
1. Responde desde el punto de vista del público tras los
   primeros cuatro segundos: ¿qué es esto?, ¿para quién?, ¿qué
   pasa a continuación? Si falta una respuesta, dilo con
   claridad.
2. Asigna cada apartado a una de estas siete objeciones: estoy
   en el sitio correcto / resuelve mi problema / cómo funciona /
   es cierto / qué cuesta / y si no encaja / preguntas abiertas.
   Nombra los apartados que no encajan en ninguna y las
   objeciones que quedan sin respuesta.
3. Marca cada formulación que describa el producto en lugar del
   resultado para el cliente. Reformúlala.
4. Nombra cada afirmación sin prueba.
5. Nombra los tres cambios con mayor efecto, ordenados por
   esfuerzo.

No inventes testimonios ni cifras.

Conclusión

Una página de destino rara vez mejora porque se le añada algo. Mejora cuando el orden sigue a las objeciones y desaparece todo lo que no corresponde a ninguna objeción.

Los tres datos de la cabecera, siete apartados en el orden de las dudas, un objetivo, tres o cuatro campos de formulario. Quien empieza por ahí ha ganado más que con cualquier ronda de diseño.

Preguntas frecuentes

¿Qué va arriba del todo en una página de destino?

Tres datos visibles sin desplazarse: qué es la oferta, para quién está pensada, y qué pasa a continuación si se actúa. El tercero es el que más se olvida: la incertidumbre sobre el siguiente paso frena a más gente que un precio alto.

¿Qué extensión debe tener una página de destino?

La que haga falta para responder a todas las objeciones del público, y ni un párrafo más. En ofertas sencillas y baratas suelen ser tres apartados; en las que requieren explicación, siete. La extensión sale de las objeciones, no de una regla general.

¿Cuántos campos de formulario tienen sentido?

Tres o cuatro: nombre, empresa, forma de contacto y como mucho uno más. Cada campo obligatorio adicional cuesta conversiones, en especial los datos que se perciben como una evaluación: facturación, número de empleados, presupuesto. Esos se aclaran mejor en la primera conversación.

¿Debe aparecer la navegación en una página de destino?

No. Cada elemento de menú es una salida de una página que debe preparar exactamente una decisión. Tiene sentido como mucho el logotipo, y en páginas que se abren desde un anuncio de pago, también sin enlace.

¿Cómo se prueba una página de destino con pocos visitantes?

No con tests A/B: faltan las cifras. Son practicables tres procedimientos: observar a cinco personas del público usándola, plantear la pregunta de los cuatro segundos sobre contenido y destinatario, y medir en qué punto termina el desplazamiento.

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